miércoles, agosto 22, 2007

APADRINAR UN LIBRO

Cuando era pequeño, recuerdo que en el colegio de los frailes al que asistía, periódicamente se organizaban campañas de ayuda a las misiones bajo el lema "bautiza a un negrito". Las huchas que se empleaban para la colecta del día del Domund tenían forma de la cabeza de un niño chino, negro o indio, por lo general. Al parecer, ellos estaban más necesitados de ser salvados que nosotros, felices niños españoles que teníamos la suerte de haber nacido en un país de hondas raíces católicas. Al menos, eso nos decían.
Más tarde, ese tipo de ayuda a sociedades y países necesitados ha ido evolucionando y ya parece que no es preciso bautizar, aunque se sigue necesitando escuelas y recursos varios para ayudar a sociedades deprimidas a ir saliendo de la marginación. Ahora, las campañas piden apadrinar a un niño, colaborar en la construcción de una escuela o en la prospección para abrir pozos de agua potable donde no la tienen o en la organización de una cooperativa. Algo hemos ido ganando si ya no nos limitamos a bautizar, porque, por muchos bienes espirituales que ello aporte, el hombre también necesita algo de pan, y si es con mantequilla, mejor que mejor.
Mas como siempre hay gente espabilada, sale un señor de por ahí, aquí mismo en España, que organiza la campaña Apadrinar a una vaca. Así, tal como suena. ¿Qué supone tal cosa? Primero, que las vacas de ese despierto ganadero serán criadas solo con productos de primera calidad, dentro de las técnicas de la ganadería biológica, creo que se llama así, sin nada de hormonas artificiales ni productos que produzcan un engorde por medios diferentes a los naturales. ¿Y para el padrino de la vaca? Pues se le garantiza la recepción, en proporción con la cantidad que aporte por su padrinazgo, de productos (leche, queso, mantequilla) de máxima calidad. Pero, mira por donde, ahora sale un campesino extremeño, no menos espabilado que el anterior, que anuncia Apadrinar un ciruelo. Por la aportación económica necesaria para mantener cada uno de estos frutales, el campesino ofrece treinta kilos de ciruelas (calidad extra) por árbol. Si su idea no tiene éxito, declara en televisión con gesto compungido, sus ciruelos se perderán irremisiblemente
Zalabardo, que aprovecha la menor ocasión para meter baza, me dice que podríamos proponer a una librería que inicie la campaña Apadrine a un libro, antes de que algún otro se haga con la idea. Por una mínima aportación mensual, la librería nos podría garantizar que disfrutaríamos, de, al menos, dos libros interesantes al año, lo que, tal como se encuentra el patio literario, no sería poca rentabilidad para nuestra inversión. Le digo que me parece un poco duro lo que dice, y más viniendo de una persona que, como él, no es muy dado a los juicios ásperos, que se esperan más de una persona de mi carácter. Me hace un gesto como señalando que alguna vez habría de ser la primera y, con voz misteriosa, suelta casi en tono de velado reto: "Si quieres, un día nos ponemos a hacer el recuento de, por ejemplo, cuántas novelas de calidad indiscutible se escriben no ya en un año, sino en un siglo". Como lo veo un poco lanzado, prefiero dejarlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay dos puntos en los que no comparto el contenido del comentario de hoy. Primero, no creo que usted sea una persona de juicios ásperos, ya que no lo ha demostrado hasta ahora, y esto hay que ganárseolo día a día. Segundo, a los que no entendemos mucho de literatura no nos da opción a estar conformes con la idea de que "cuántas novelas de calidad indiscutible se escriben no ya en un año, sino en un siglo", puesto que no establece el concepto de novela de calidad indiscutible. Si tal concepto no lo establecemos a priori, para cada persona que lea varias novelas al año puede haber muchas novelas de calidad indiscutible, al menos a mí así me lo parece.
Andrés.