martes, octubre 28, 2008

CHALO PARA MI QUER

Iba para mi casa (que eso quiere decir, en chipí cayí o lengua gitana, el título del apunte de hoy) el otro día cuando, y acompañado de Zalabardo, al pasar por el Parque, se nos ocurrió acercarnos a las casetas de la Feria del Libro de Ocasión por el simple deseo de ver si entre tanta morralla como suele verse en eventos de esta naturaleza se podía encontrar algo curioso. Y a fe que hallamos dos cositas. Digo cositas porque no hay mejor término para calificar lo que compré: dos libritos de apenas el tamaño de una mano abierta y un centenar de páginas cada uno. Ambos presentan algo en común, el tema gitano, pues el primero es una edición de poesía gitana y el otro un vocabulario de la lengua de esta etnia.
El primero, editado en Cádiz, sin referencia de año, pero reciente sin duda alguna, está compuesto por Francisco del Río Moreno y lleva por título 101 Poesías en caló. Es una reproducción, acompañada de breves comentarios y estudios, de los poema escritos en esta lengua que George Borrow incluyó en su libro The Zincali, or an account of the gipsies of Spain, de 1841. El libro y los poemas fueron traducidos a nuestra lengua en 1932 por quien fuera presidente de la Segunda República Manuel Azaña. Este Borrow es aquel inglés viajero, uno más, al que en España se le conoció como Don Jorgito el inglés; vino a nuestro país en 1835 con la intención de difundir la Biblia y su experiencia se plasmó en otro libro que llevó por título La Biblia en España.
El principal interés de esta publicación de Francisco del Río radica precisamente en ese conjunto de poemas que recoge y que ayuda a conocer mejor los antecedentes del cante flamenco que, en opinión de algunos entendidos (entre los que no estamos ni Zalabardo ni yo, simples aficionados),
debe bastante a los gitanos. Pero lo que de verdad nos ha llamado la atención es el poema cuyo primer verso ha originado el título de hoy y que se puede cantar con ritmo de seguiriya; dice así: Chalo para mi quer, / me topé con el meripe; / me penó: aonde chalas? / Le pené: para mi quer (Iba para mi casa, / me encontré con la muerte; / me dijo: ¿adónde vas? / Le dije: para mi casa). No creo que sea exagerado decir que trata el tema del viajero que, a mitad de camino, se encuentra con la muerte, que le avisa de su próximo fin y de la imposibilidad de alcanzar su destino. Ese asunto se encontraba ya en el cancionero tradicional medieval, se repite en el Romance del enamorado y la muerte, es el germen de El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, y late en la base inspiradora de la Canción del jinete, de García Lorca. ¿Sería arriesgado suponer que los gitanos creadores de ese cantar conocían de algún modo dicha tradición, o es una pura casualidad? No pretendo aquí ofrecer ninguna teoría ni exposición sobre esta línea inspiradora; me limito a señalar la coincidencia.
El otro libro es una edición facsímil hecha en 2005 por la gaditana Librería Raimundo del Vocabulario del dialecto jitano, redactado por D. Augusto Jiménez y publicado en Sevilla el año 1846. El interés que este libro pueda tener es el del léxico español-gitano que anuncia el título, así como la serie de oraciones y textos breves traducidos al caló. Por lo demás, la brevísima introducción sobre los gitanos que encabeza el libro no es sino una acumulación de obviedades, tópicos y prejuicios que no parecen sino inspirados en las duras palabras que contra los gitanos introducen La gitanilla, de Cervantes. Y es que D. Augusto Jiménez, en solo las nueve pequeñas páginas que dedica a hacer el retrato de este pueblo, dice que son ociosos, fingidores, embusteros, mañosos en todo tipo de engaños, vagabundos, ladrones y cobardes. A ello añade que no tienen estudios ni habilidad más que para hacer lo que hacen: canastas, trasquilar caballerías, usar de la magia y decir la buena ventura. Hablando de su distribución por España afirma que donde menos hay es en las Vascongadas, en Asturias y Galicia, porque los mismos vecinos los echan de la población y los muchachos los apedrean. Mientras escribo esto, tengo a mi lado el periódico de hoy: en él se da cuenta de que los vecinos del pueblo jiennense de Castellar apedrean las casas de los gitanos que viven en el pueblo y organizan manifestaciones para expulsarlos. Pocas cosas han cambiado. ¿Y seguiremos diciendo que en nuestro país no hay racismo?
Pero no todas las publicaciones sobre los gitanos han de mirar hacia el tópico denigrante o hacia la faceta meramente folclórica. Tengo aquí uno de 1993 escrito por José Antonio Plantón García y titulado Aproximación al caló (Chipí cayí). El autor, gitano, Licenciado en Pedagogía y Director del Centro de Adultos "Palma-Palmilla" (ignoro si continúa siéndolo) compuso esta breve y clara gramática de la lengua de los gitanos, a la que acompaña un amplio vocabulario, con la intención de tender puentes entre las distintas culturas y ofrecer un instrumento de trabajo para el aula en esta barriada marginal malagueña. Es un libro no ya curioso; también es interesante y valioso por su fin.

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