lunes, enero 26, 2009

CALLE LARIOS

En un apunte reciente ya dejaba claro mi parecer sobre el hecho de que la calle Larios sirva de marco para exposiciones. Pero hoy me veo precisado a volver sobre ello porque me muestra Zalabardo un reportaje publicado en El País en el que varios representantes del urbanismo y el arte opinan contra ese uso y no puedo menos que disentir, no ya de lo que dicen, que también, aunque al cabo se trate de valoraciones personales, sino especialmente de tono como lo dicen.
El arquitecto y urbanista Salvador Moreno Peralta se erige en voz de la propia calle y la hace pedir que la dejen ser simplemente una calle. esto, por lo pronto, me parece una temeridad y una desmesura; ¿quién es nadie para arrogarse a sí mismo el pensamiento, el alma y el sentimiento de toda una calle? ¿Acaso la calle es suya? Nunca había visto semejante actitud desde aquella otra barbaridad de "la calle es mía" que ladrara Fraga Iribarne en su etapa de ministro de Interior. Una frase de tal calibre solo la he comprendido e incluso considerado entrañable cuando aquel pobre loco de la película Cinema Paradiso gritaba "¡la plaza es mía, la plaza es mía!" e intentaba desalojarla de quienes transitaban por ella. Moreno Peralta termina por dejar patente su desacuerdo con esta función artística de la calle cuando afirma que "se ha convertido en un escenario sobreactuado de la Málaga decimonónica, puro teatro". Como opinión que es la respeto, pero he de lamentar, aparte de su contenido, esa tendencia, muy generalizada, de llamar teatro a todo aquello que, por ficticio, no alcanza a gustarnos y rechazamos.
Otros dirigen su desacuerdo por derroteros diferentes. El también urbanista José Seguí, después de decir que en ella hay "demasiado de museo y poco de calle" suelta la perla de que "quienes amamos el arte pensamos que este tiene que tener su espacio propio" y critica que se pueda ver El pensador, de Rodin, junto a un McDonalds. Esto es ya elitismo sin freno. Se ve que por algún lado tenía que salir y salió: el arte, en los museos, que es donde debe estar, según una opinión también muy generalizada. ¿Pero por qué el arte no puede estar en la calle? ¿Existe una mayor democracia artística que la de llevar las creaciones adonde las pueda ver todo el mundo, sin encerrarlas entre cuatro frías paredes? ¿Ha pensado este señor, y quienes opinan como él, que muchas personas (a lo mejor como las de la foto que tomo de El País) que no entrarían en toda su vida en un museo se paran, disfrutan, contemplan y comentan las obras que se exponen en la calle Larios, del mismo modo que muchos que nunca pisan una librería compran libros en los tenderetes levantados al aire libre durante las ferias del libro?
Por último, el pintor Eugenio Chicano larga que hemos convertido la calle Larios en una "calle-saloncito donde se ponen unas estatuas y quedamos muy bien", para añadir a continuación y sin rubor que "aquí seguimos con costumbres muy ancestrales, por no decir catetas". ¿Qué era la calle Larios cuando se usaba de soporte para una portada de la feria diseñada por el mismísimo señor Chicano? Para él, aquello no era, quiero suponer, una costumbre cateta ni la vía, entonces, una calle-saloncito.
No sé cuántos años lleva la calle Larios siendo escaparate que exhibe la Semana Santa, la Feria o el Carnaval de nuestra ciudad. Antes de la peatonalización y después. Claro que, pensarán algunos, al fin y al cabo estas manifestaciones no son otra cosa que folklore; ¿o alguien guarda dudas de que el desfile de tronos por las calles tiene mucho más de 'puro folklore' que de sentimiento religioso? Con el agravante de que, para estos eventos, la calle Larios pierde su carácter democrático y exige pasar por taquilla para ver el espectáculo cómodamente sentados. Y quien no pague, que lo vea en calle Carretería, que es la 'tribuna de los pobres'. Quede bien claro, le explico a Zalabardo, que no tengo absolutamente nada contra ninguno de estos eventos, ni contra otros si los hubiera. Pero, ¿por qué entonces nadie dice que eso sea 'puro teatro'? ¿O es que la calle está bien para el folklore, que mira hacia las masas, pero no para el arte, que es propiedad intangible de unos pocos elegidos?
Zalabardo sabe que yo siempre he mantenido que si de algo no deben quejarse los malagueños, yo lo soy solo de adopción, es del clima que disfrutamos, lo que nos hace sumamente agradable vivir en el exterior, en las calles, en cualquier época y estación. Y, amparado en esto, he defendido también que Málaga debería organizar, en lugar de la calurosa Feria de agosto, unas Fiestas de invierno que podrían ser la envidia de toda Europa. Entre tanto, dejemos que la calle Larios siga siendo escaparate democrático de arte, accesible a todo el mundo, pues como dice el refrán, nunca es mal año por mucho trigo.

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