martes, noviembre 09, 2010


A VUELTAS CON EL GÉNERO


Nada más leer la palabra género, la cara de Zalabardo muda de color y todo él se pone que se sube por las paredes. ¿Volvemos a las andadas?, me dice; ¿otra vez con la misma monserga?, continúa. Y yo me veo precisado a calmarlo, a procurar que recobre el sosiego consustancial con su persona. Le digo que no, que no reabro la antigua lucha, que no trato de regresar a nada. Que, aunque hable del género, no voy por el camino de los miembros y las miembras o de los jóvenes y las jóvenas. Que lo que quiero tratar es una serie de confusiones que se dan en el empleo de este accidente gramatical (no se olvide lo de gramatical) y que no sé si se producen precisamente por lo anterior o tienen otra causa. En cualquier caso, son errores graves que debieran evitarse y que, sin embargo, afloran a cada instante.
Empiezo por dar unos ejemplos tomados de distintos medios en días no muy lejanos los unos de los otros. Ejemplo número 1: Fueron prontamente atendidos por la médico de guardia. Ejemplo número 2: [Sara Carbonero] tiene 26 años y es periodista deportivo. Ejemplo número 3: Si no quieres hacer el ridículo, parecer una fantoche, toma buena nota. Ejemplo número 4: Las víctimas fueron asesinados por ser parientes de huidos.
Me vais a perdonar si ahora empiezo haciendo una muy sucinta exposición de las formas que adopta el género en nuestra lengua. Doy por sentado que quienes me leéis sabéis lo que voy a decir; no obstante, creo que debo empezar por ahí para luego explicar los ejemplos anteriores. Todos los sustantivos españoles tienen un género (que no tiene nada que ver con el sexo sino con la posibilidad de combinarse con uno o con otro artículo), que puede ser masculino o femenino. Si el sustantivo, además, designa seres animados, sexuados, lo normal es que posea las dos formas (gato/gata, amigo/amiga). Sin embargo, hay algunos, los llamados comunes en cuanto al género que tienen una sola forma, la misma para los dos géneros; la diferencia genérica, en ellos, viene dada por el empleo de artículos y adjetivos (un pediatra famoso/una pediatra famosa). Y hay otros, los llamados epicenos, que son los que tienen una forma única, de masculino o de femenino, para designar tanto al macho/varón como a la hembra/mujer; hay, pues, epicenos masculinos (personaje, tiburón) y epicenos femeninos (persona, foca). La concordancia se hará, sin dudar, en la forma masculina o femenina del sustantivo (Marie Curie es un personaje famoso o Miguel Delibes es una persona amena).
En cuanto a lo que son los sustantivos que designan seres inanimados, lo normal es que posean un único género, ya sea masculino (cuaderno, tejado) o femenino (casa, estantería). No obstante, hay un grupo, relativamente escaso, los llamados ambiguos, que se pueden usar indistintamente en su forma masculina o femenina (el/la calor, el/la color, el/la mar, el/la puente). La elección de una u otra forma depende de los diferentes registros o niveles de lengua a que pertenece el hablante, de factores dialectales, profesionales, etc.
Hasta aquí, la teoría. Vayamos, entonces, a los ejemplos citados antes. Médico es un sustantivo normal y corriente que, por designar a seres animados, posee dos formas claramente diferenciadas, médico y médica (como ingeniero/ingeniera, arquitecto/arquitecta, etc.). Parece mentira que, en una época en la que se tiende a la improcedente feminización de muchos sustantivos (miembra), se insista tanto, de forma igualmente improcedente, en la incorrecta forma la médico.
Periodista es sustantivo común en cuanto al género (el/la periodista), que exige concordancia en el género (esta vez sí, biológico) al que pertenezca la persona designada. Eso quiere decir que Sara Carbonero, mujer, es una periodista deportiva y no lo que dice el texto del ejemplo.
Del ejemplo tercero, fantoche, es necesario precisar algo más. Si lo tomamos como ‘muñeco grotesco’, diremos que es un sustantivo que designa ser inanimado y tiene género masculino. Pero si lo entendemos como ‘persona grotesca y vestida de forma estrafalaria’, resulta que es un epiceno masculino. En cualquier caso, su única forma válida es un fantoche y nunca una fantoche.
Y nos queda el último ejemplo, víctima. Frente al caso anterior, víctima es un epiceno femenino, es decir, que no acepta más que la concordancia en género femenino. Habrá que decir, por tanto, que las víctimas fueron asesinadas, aunque entre ellas hubiera hombres y mujeres.
Consulto a Zalabardo si cree que este apunte sobre el género es publicable o lo considera algo plúmbeo y farragoso. Se queda pensando un rato, haciéndose el interesante. Al final, adoptando un aire displicente, me dice que el apunte resulta excesivamente teórico y, por tanto, prescindible; pero que si es mi capricho publicarlo, adelante con los faroles.

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