miércoles, noviembre 02, 2011

 
MONFRAGÜE

    La etimología de Monfragüe es algo discutida, según me han contado, aunque las dos que se ofrecen llevan prácticamente casi a la misma solución. Para unos, procede de Monsfragium, ‘el Escarpe’ o ‘monte cortado’; para otros, el origen está en Monsfragorum, ‘monte áspero, fragoso, intrincado’. En cualquier caso, el nombre árabe del lugar, Al-Mofrag, ‘el Abismo’, parece dar la razón más a la primera de las etimologías, pues la topografía del terreno nos muestra el corte que el río Tajo produce en el mismo, dejando, uno en cada ribera, los dos escarpes o cortados que son los actuales Cerro Gimio y Monfragüe, que parecen querer ambos precipitarse sobre las aguas.
    Monfragüe da su nombre a un extenso territorio del norte de la provincia de Cáceres cuya columna vertebral constituyen los ríos Tiétar y Tajo y que, desde 1979, es Parque Nacional y, desde 2003, Reserva de la Biosfera. El Parque es hábitat de numerosas especies faunísticas entre las que sobresalen los ciervos, los buitres negro y leonado, la cigüeña negra, el águila blanca y el alimoche. Alcornoque, encina, quejigo, acebuche, mirto, madroño y cornicabra son los reyes de la vegetación del lugar, que ha resistido y desterrado el disparatado intento, antes de ser declarado parque, de repoblar la zona con eucaliptos.


 
     Monfragüe es un lugar ideal para quien busque tranquilidad y sosiego, le digo a Zalabardo, y allí estuvimos el pasado puente de los Santos. Villarreal de San Carlos, único núcleo de población en el interior del Parque, es punto estratégico para disfrutar de la zona. Allí están las oficinas del Parque (Centro de Visitantes, Centro de Interpretación del Parque, Centro de Interpretación del Agua y Centro de Documentación e Investigación), dos o tres Casas rurales y un restaurante, aparte de alguna que otra casa particular. Pero en cuanto que dan las seis o siete de la tarde, los visitantes desaparecen y, con ellos, los guardas, guías y funcionarios del Parque. Allí quedan los nueve habitantes de la población, que es una pedanía de Serranillos, y quienes hayan reservado alojamiento para efectuar una visita más pausada.
    ¿Qué se puede hacer en Villarreal de San Carlos? Una vez que cae la tarde y la oscuridad se apodera de todo, nada que no sea pasear por la única calle y su entorno, disfrutar de un límpido y rutilante cielo plagado de estrellas (allí no se sabe qué sea eso de la contaminación lumínica) y hablar con los escasos habitantes, que te cuentan los orígenes y evolución de Monfragüe, tanto lo bueno, que lo hay, como lo malo, que también lo hay. Si, además, se tiene la suerte de coger unos días buenos y de suave temperatura de este otoño que estamos teniendo, miel sobre hojuelas.


    Por el día es otra cosa. Hay muchos senderos por los que perderse (que no se pierde nadie porque están perfectamente señalizados) y gozar con la visión del paisaje, con el rumor de las aguas del Tajo y del aire entre las ramas, con la contemplación de las aves y con el encanto de dejar que los ciervos se te acerquen y coman en tu mano.
    Nosotros hemos realizados tres de las numerosas rutas que el Parque ofrece: la de la Tajadilla, siguiendo la ribera del Tiétar, la que conduce hasta el Cerro Gimio y permite contemplar el vuelo de los buitres que allí anidan y la del Castillo, que es la más completa. Son dieciséis kilómetros (entre ida y vuelta) que llevan desde Villarreal hasta el Castillo. Hay diferentes opciones para recorrerla. Nosotros elegimos la que discurre por la margen izquierda del Tajo e inicia el ascenso al Castillo desde el lugar conocido como Salto del Gitano. Aunque es un recorrido más largo, es también más suave, pese a que el tramo final, la subida al Castillo, es duro de todas formas. Luego descendimos por el sendero que baja desde el Castillo hasta la Fuente del Francés. Es una ruta más corta, pero más empinada; aunque no es igual que subir, las rodillas también se resienten, sobre todo cuando uno tiene ya cierta edad. Desde la torre del Castillo se goza de una espectacular vista de casi toda la extensión del Parque.
    Cualquiera de estas caminatas tiene luego, a su finalización, el premio de poder disfrutar de una suculenta comida: carnes de venado y jabalí (yo pedí un delicioso lomo de venado con salsa de arándanos y confitura de manzana), variedad de quesos de la región y un exquisito jamón ibérico de Extremadura.
    Y hasta el próximo puente.

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