domingo, diciembre 09, 2012

@pontifex

Me cuenta Zalabardo, algo escandalizado, que el papa Benedicto XVI, de quien hablaba el otro día a cuenta de haber desterrado a la mula y al buey del escenario del nacimiento de Jesús, acaba de inaugurar su cuenta en Twitter. Me pide mi amigo opinión sobre tal circunstancia y le contesto que no le veo nada de particular ni nada de malo. Al fin y al cabo, le digo, ¿quién no tiene cuenta en Twitter? Muy serio, me contesta: nosotros no la tenemos.
            Trato de hacerle ver que el hecho de que nosotros no entremos en eso de las redes sociales (¿o sí estamos dentro con esta Agenda?) solo significa lo mayores que somos ya, lo superados que estamos y lo que nos cuesta adherirnos a este tecnologizado mundo en que vivimos.
            En cuanto que puedo, me desvío de la cuestión y le pregunto si sabe qué significa eso de pontifex, pontífice, que da nombre a su cuenta. Me recuerda que lo dije el otro día, ‘constructor de puentes’. Si, muy bien, lo interrumpo, ¿pero por qué se llama así al papa?
            Como veo que no lo sabe, trato de explicárselo y, de paso, aprovecho para que se informe de ello quien no lo sepa. Vayan por delante dos cosas: que la Iglesia no es demasiado original en eso de la nominación de sus jerarquías y que pontífice no es solo el papa, sino todos los obispos. Para aclarar una cosa y otra hay que remontarse a la organización religiosa de la Roma antigua.
            En Roma, los sacerdotes no constituían, como en otras religiones, una casta, una clase cerrada. Por contra, sus funciones suponían una magistratura religiosa que los romanos podían ejercer antes o después de haber ejercido otra magistratura civil. Ser sacerdote no exigía una dedicación exclusiva puesto que las funciones religiosas se podían compaginar con otras. Así, un romano podía ser, sucesivamente, legado, cónsul y, por qué no, pontífice.
            Pero, antes de seguir, vayamos con la etimología. Pontífice significa, ya se ha dicho, ‘constructor de puentes’. ¿Y quiénes eran los pontífices? Hay varias teorías al respecto. Cito solo dos. Una, la más terrena, dice que eran quienes tenían a su cargo el cuidado de los puentes sobre el Tíber. Otra, más simbólica, dice que, puesto que atravesar un río sin mojarse por haber cruzado por un puente rompe cualquier orden natural, pontífice será quien establezca los puentes entre los hombres y la divinidad. Y, según me parece a mí, por ahí deben ir los tiros.
            ¿Cuáles eran las jerarquías en el ámbito religioso de Roma? Por encima de todos, estaba el Colegio pontifical, constituido por el rex sacrorum, ‘rey de las cosas sagradas’, los pontífices, los flamines y las vestales. El rex sacrorum era, en teoría, el cabeza de la religión, aunque en la práctica no pasaba de ser sino un cargo honorífico, por lo que su poder quedaba por debajo del que tenía el pontifex maximus, ‘el sumo pontífice’. Los pontífices eran quienes vigilaban las prácticas de la religión. Originariamente fueron tres, pero llegaron a ser dieciséis. A su cabeza estaba el pontifex maximus, elegido por todos ellos (igual que el cónclave en la Iglesia Católica elige ahora al Sumo Pontífice), y a quien correspondía elaborar el calendario, determinar los días fastos o nefastos para negocios, redactar los anales o acontecimientos del año, aparte de ocuparse de cuestiones jurídicas y administrativas.
            Los flamines eran sacerdotes dedicados a cuidar el culto de los dioses y las vestales, que tenían mucho prestigio y estaban relacionadas con el pontifex maximus, eran sacerdotisas dedicadas a mantener encendido el fuego sagrado de Vesta.
            Aparte de los citados, había otras jerarquías menores y otro tipo de sacerdotes. Por ejemplo, los augures tenían por misión interpretar las señales celestiales y el vuelo de las aves. Por su parte, los arúspices, de rango inferior, analizaban las vísceras de los animales sacrificados.
            No acaba aquí la cosa, pero creo que no vale la pena seguir, pues, como pasa en todas partes, según se van bajando escalones, la importancia de los funcionarios va decayendo.
            Como se verá, los cristianos se fijaron en la organización de los romanos para dar forma a sus propias jerarquías.
            Zalabardo está casi a punto de aplaudir y me pregunta de dónde saco yo tantos datos. Es fácil, y tiene poco mérito, le respondo. Solo basta informarse en algún buen libro sobre el tema. Por ejemplo, La vida religiosa en la antigua Roma, de Xavier Espluga y Mónica Miró i Vinaixa, publicado en 2003. Lo que ya me parece más complicado es resolver, en solo 140 caracteres, los problemas de fe, según parece ser la intención de esos tuits papales.

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